Jueves 2 Diciembre 2021

La obediencia andaluza

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Teresa

Hace unos meses se empezó a repetir como un “mantra” un concepto de una gran frivolidad y carente de significado real: “la tercera ola del andalucismo”. Los mismos inventores del término, se autoproclamaron como sus representantes, para desde su “chiringuito” entrar en las listas de “Adelante Andalucía” con unas cuotas de poder y de representación acordes con lo que ofrecían: incorporar la “tercera ola” al “nicho” electoral de Teresa Rodríguez. En poco tiempo el “mantra” quedó en desuso por el poco tirón que tuvo entre un “andalucismo” que ha perdido su base social tras la crisis política e ideológica que viene padeciendo desde la implosión del PA y la constatación por parte del partido de Teresa Rodríguez de la escasa aportación a su proyecto y de la imposibilidad de que esta “tercera ola” se pudiera traducir en votos en los próximos procesos electorales.

 

La pérdida del espacio político en el que desarrollar sus estrategias, copado por el andalucismo revolucionario, representado por organizaciones políticas, sindicales y culturales, está taponando estas iniciativas electorales de dudosa utilidad para el conjunto del pueblo trabajador andaluz, dejando este concepto de “tercera ola” en el cajón de las ocurrencias políticas.

 

Otro de los “mantras” de ese singular “andalucismo electoral” que representan algunas de las socias de Teresa Rodríguez y los propios “Anticapitalistas”, es el de “obediencia andaluza” y el de tener “voz en Madrid”, o el de “sujeto político andaluz”. Estos mantras les sirven no solo para atraer a unas votantes “sentimentales”, pocas, sino para diferenciarse de otras opciones políticas con las que entran en conflicto por hacerse con unos nichos electorales que comparten.

 

Estos conceptos tan poco claros y ambiguos, van muy en el sentido de la línea política que Teresa Rodríguez ha impuesto a su formación: la “transversalidad”, que no es otra cosa que el organizar un discurso que sirva tanto para gentes de una orientación conservadora como progresista; tanto españolista como andalucista; católica como atea; sin entrar en definiciones que les obliguen a decantarse ideológicamente y a perder la “transversalidad” tan necesaria para lograr los objetivos electorales propuestos. Unos conceptos establecidos como eje central del discurso, que no dejan entrever cual es el modelo territorial que proponen para Andalucía, ni su relación con España; ni el modelo económico. Ni siquiera hacen referencia a cual es el “sujeto político” sobre el que recae la “obediencia andaluza”. Conceptos tan amplios que resulta imposible entrever la verdadera ideología que subyace en las organizaciones que tienen estos “mantras” como reclamo publicitario.

 

En lo relativo a la “obediencia andaluza”, habría que preguntar sobre qué clase social recae esa obediencia, aunque por sus actuaciones deducimos que no será la clase trabajadora el “sujeto político” sobre el que recae esa obediencia. Tener la dirección política en Andalucía -Teresa Rodríguez pertenece a una organización que tiene su sede central en Madrid y Andalucía x Sí acaba de firmar un acuerdo de colaboración con el partido de Errejón- no significa que la obediencia sea andaluza; más aún en el actual contexto de “dependencia” que Andalucía tiene respecto a Madrid y España, donde nuestra situación de desempleo, pobreza y el resto de indicadores sociales, vienen determinados por siglos de explotación de nuestros recursos materiales y humanos. El poder de decisión sobre las materias que condicionan la vida de las andaluzas no está en el parlamento andaluz ni en los ayuntamientos andaluces: está en Madrid, donde la burguesía española ejerce el dominio colonial sobre Andalucía a través de las instituciones creadas para ello. El Congreso y Senado españoles son las instituciones donde se deciden esas cuestiones que afectan a nuestras vidas, siendo el Parlamento andaluz y los ayuntamientos andaluces meros gestores de las decisiones tomadas en Madrid. Durante la denomina “transición”, el postfranquismo, apoyado en la socialdemocracia del PSOE y PCE, configuró el marco político del Estado español de forma que quedara “atada” la unidad de España y el modelo económico: el franquismo y su oligarquía económica se aseguraron continuar con unos privilegios que en gran parte se obtienen por el saqueo económico sobre Andalucía y su pueblo, obligado a la emigración o a trabajar en precario para los intereses oligárquicos. El “atado y bien atado” se concreto en la imposibilidad de cambiar el texto constitucional que blindaba los intereses del franquismo político y del económico: la minoría de bloqueo que tiene el españolismo para evitar que se puedan producir cambios de calado desde la reforma constitucional es de 1/3 en el Congreso ó 1/3 en el Senado. Es decir, que sumando los votos del PP, PSOE y Vox, necesitan solamente ⅓ de los votos en el Congreso o en el Senado para paralizar cualquier reforma constitucional, lo que en la práctica supone la imposibilidad de que cualquier territorio del Estado consiga cotas de autogobierno o reformas de sus estatutos de autonomía sin contar con el apoyo de los partidos que defienden el status-quo actual, es decir, PP y PSOE.

 

Por estos motivos, considero una supina estupidez hablar de “obediencia andaluza” cuando lo que se pretende con ello es llegar a Madrid o a “San Telmo” para tener “voz”, aún a sabiendas de la imposibilidad de subvertir la situación de “dependencia” que sufre el pueblo andaluz; a pesar de saber que ni siquiera gobernando la Junta de Andalucía se puede decidir sobre nuestra relación con el Estado español, ni sobre las bases extranjeras, ni sobre nuestra participación en la OTAN, ni sobre las relaciones laborales, ni sobre fiscalidad. El Estado español continuará permitiendo que los impuestos al consumo recaudados en Andalucía se ingresen en la comunidad autónoma de Madrid, continuará permitiendo que los precios de los productos agrícolas andaluces apenas cubran costes, lo que provoca un caldo de cultivo para la explotación de andaluzas y emigrantes con modelos como la contratación en origen que dejan sin derechos a las trabajadoras agrícolas. A cambio de unos precios bajos para abaratar la cesta de la compra en las zonas industrializadas y en el centro administrativo del Estado, permiten al empresariado agrícola andaluz contratar a trabajadoras en situación de semiesclavitud para asegurarse la continuidad de las explotaciones agrícolas. A esta situación se le llama de “DEPENDENCIA” y esta situación de Dependencia no se puede derribar desde las instituciones creadas por los mismos que se benefician de ella. Ya hemos visto la imposibilidad de hacerlo.

 

Por estos motivos, la única “obediencia andaluza” es la que lucha contra la Dependencia, contra la falta de soberanía necesaria para autogobernarnos y decidir el modelo de sociedad en la que queremos convivir. Solo la lucha para derrocar las instituciones creadas por la administración colonial puede llevarnos a solucionar los problemas y carencias que tiene la clase trabajadora andaluza. Y el camino no es el de la participación en las instituciones creadas para mantener la dependencia; el camino es la lucha en las calles, en los tajos de trabajo, en institutos, universidades, barrios, pueblos, en la cultura, el deporte… esa es la verdadera “voz” del pueblo andaluz, ese es el “sujeto político andaluz”, el ejército de parados, de gente que ha traspasado el umbral de la pobreza, de jornaleras, de inmigrantes sobreexplotados, de trabajadores sin derechos, de jubiladas, etc.

 

Sólo desde la Independencia como medio para llegar al socialismo y construir una sociedad igualitaria y justa el pueblo andaluz tendrá voz y será el sujeto político protagonista de su historia. Lo demás solamente es la utilización del pueblo andaluz para conseguir objetivos electorales y participar de los privilegios que el colono concede a sus servidores.

En homenaje a la clase trabajadora

EDITORIAL HOJAS MONFIES


"Por lo mal que habláis. Andalofobia y españolismo lingüístico en los medios d

 

BLAS INFANTE: REVOLUCIONARIO ANDALUZ

 

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