Martes 11 Agosto 2020

El Covid-19 y nuestras mayores

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signal-2020-04-22-192638La población geriátrica está en peligro con el COVID-19 más potencialmente que el resto de personas, esto es un hecho. Las precauciones frente al coronavirus se sustentan en evitar las vías de contagio a través del contacto directo, y la principal recomendación es la de no visitar a nuestros familiares ancianos si no es estrictamente necesario. Sí, muchas medidas de seguridad que llegaron tarde y mal enfocadas. Ya que, en los primeros momentos de aparición de este virus, las profesionales sanitarias trabajadoras de residencias de ancianos, ni tenían mascarillas ni información suficiente acerca de las medidas necesarias a tomar, jugándose de esta manera su vida y la de los mayores (todo esto ante la pasividad de un Consejero de Salud inepto). Sin olvidar a las compañeras cuidadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio, que por todas es sabido son las grandes profesionales olvidadas, encargadas de trabajar de forma directa con las ancianas que se encuentran solas en sus casas.

En Andalucía, una gestión nefasta, ha provocado que, en la fecha del 7 de abril, el ritmo de contagios entre nuestras ancianas haya crecido en un 71% desde el 2 de abril (frente al 25% de la población general) y la cifra de fallecidas haya pasado de 82 a 162 en las residencias, bajo la gestión de la Junta de Andalucía. A 31 de marzo había 447 mayores infectadas, el 2 de abril eran 672 contagiadas y el 7 de abril el total ascendía a 1.153 afectadas según la Consejería de Salud. Estas cifras son trasladadas por el incompetente Jesús Aguirre, después de la denuncia de familiares de un anciano muerto por contagio en la Residencia de San Juan de Aznalfarache (Sevilla). Un sinvergüenza, pues no encuentro otro descalificativo, que se escondió dando un comunicado en una rueda de prensa no presencial en la que afirmó que en esa residencia había 79 ancianas infectadas y habían muerto 24 “probablemente” por coronavirus. Una residencia que, por cierto, es privada, aunque después de decretado el estado de alarma pasó a gestión directa de la Consejería de Salud.

La Junta pidió “disculpas”. Su director dijo en un comunicado que no informó de las 24 muertes por “responsabilidad”. Perdonen ustedes, pero yo los tacho de irresponsables. Dígales a esos familiares a la cara que han jugado con las vidas de sus mayores, que se han lucrado siempre de las residencias privadas con el dinero de ellas. Sí, eran mayores, ancianas, y por lo tanto, sus vidas en manos de la Junta no valían nada, eran inexistentes, absurdas, traslúcidas, irracionales, eran desechos inhumanos. Para ellos una muerte de una anciana era solo un número más.

Sus vidas no tenían sentido para ellos. Pero para mí y para muchas andaluzas sí que lo tiene. Eran nuestras madres, nuestras abuelas, aquellas que vivieron cuando no eran tan ancianas con nosotras, las que nos aportaron dentro de sus limitaciones responsabilidad, cariño, ayuda, cultura, respeto y educación, las que cuando teníamos un problema acudíamos a ellas para refugiarnos entre sus brazos, las que lloraron por nosotras y nos cuidaron cuando estábamos enfermas. Lo eran todo para nosotras y ahora ¿vienen ustedes a pedirnos “perdón”? NO, no perdonamos que nos las hayan arrebatado de un golpe, de un plumazo, solas y confinadas, abandonadas en su lecho de muerte, aisladas de todo cariño de sus familiares, en una soledad impuesta por el sistema capitalista que acompaña a este virus.

Otro ejemplo de ineptitud en residencias (donde más se ha focalizado esta pandemia) es el caso de la Residencia DomusVi Santa Justa (Sevilla). Este centro, ha manipulado los datos reales mediante la ocultación de documentos y la poca transparencia. No se llegaron a tomar medidas suficientes antes de las numerosas muertes, ya que algunas familiares habían alertado el 20 de marzo la existencia de casos positivos. Esto es puro “secretismo” de lo ocurrido en esas residencias. También cabe mencionar el caso de la Residencia Joaquín Rosillo (Sevilla) dónde el propio director informó que la mayoría de sus ancianas habían tenido y tenían síntomas. Por cierto, esta última también era privada, y esto no es un “bulo”... como también lo son las del Centro de Alcalá del Valle (Cádiz), etc.

Trabajé 13 años como auxiliar de enfermería en una residencia de mayores en Almería.Y cuando me estaba formando en mi profesión, mis profesores me enseñaron qué era la ética profesional y cómo saber atender sanitariamente al personal enfermo en el caso de los ancianos. Por eso me duele. Me duele ver como en los momentos finales de todas sus trayectorias de vidas no podemos despedirnos de ellas. Ellas, que creyeron que la
sociedad no les dejaría morir así, sin más.

EL NEGOCIO DE LAS RESIDENCIAS Y CENTROS DE MAYORES

En 2017, en el estado español, había 381.000 plazas de residencias de mayores, de las cuales el 52% estaban en manos privadas (como podemos comprobar un altísimo porcentaje de privatización, un 75%) todas ellas financiadas con dinero público con idea de obtener mayores beneficios. Y yo me pregunto: ¿acaso la salud de nuestras mayores es un negocio? Sí. Sí que lo es, en definitiva es un servicio asistencial que, en los últimos años, ha consistido en embolsar dinero en esas empresas a costa de la economía de nuestras ancianas, y vamos muy mal si no luchamos por cambiar ese modelo ultra privatizador de los Hogares de la Tercera Edad.

Cuando no les interesamos es cuando dejamos de ser económicamente rentables. Creo que deberíamos reflexionar sobre ello. Es imprescindible que exista una vigilancia, una transparencia y una gestión directa de los Servicios Sociales, que sea pública. Las personas no queremos ser mercancías. Lo que están haciendo las empresas privadas y las concertadas es lucrarse para obtener beneficios económicos, esto es lo que aporta el
maldito capitalismo. Debemos tener una gestión 100% pública de todos los servicios que garanticen las necesidades y derechos humanos básicos, el acceso a estos servicios debe ser incondicional y gratuito y no deben de entenderse como bienes económicos sometidos al tráfico mercantil. Esta privatización es la que llevó a cabo el PSOE en el tiempo que gobernó y lo que casi todos los países de la maldita Unión Europea han establecido: un sistema neoliberal como modelo a seguir.

Todas hemos podido comprobar como partidos políticos se han dedicado a criticarse los unos a los otros, pero no han aportado nada para investigar que está pasando con nuestros mayores y el COVID-19. Ya anteriormente el PSOE nos metió en esta dinámica de la privatización y concertación de los Servicios Sociales dando lugar a un modelo en las residencias que ha generado precariedad de las instalaciones, precariedad de los trabajadores e incapacidad de poder hacer frente a una crisis como la que estamos viviendo. Y no solo ha sido el PSOE, también la Junta de Andalucía en la que PP y Ciudadanos junto a VOX, han permitido con este modelo de privatizaciones caer en negligencias como la falta de prevención, la falta de higiene, la escasez de material sanitario adecuado, la desatención de los mayores (cuando no la desidia), la insuficiencia de personal, la falta de sustituciones ante las bajas de las trabajadoras que caían con síntomas del coronavirus...

Esto es lo que nos ofrece un estado español ridículo, fascista e inepto que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias que estamos viviendo, y es que llevamos más de 40 años de falsa democracia aguantando estas atrocidades sociales, laborales, educativas... Me hace gracia cuando el PSOE pide la realización de “inspecciones rigurosas” o cuando Ciudadanos aboga por la “transparencia”... y el PP ya es que ni entra en la cuestión.

El PSOE afirma que “no puede ser que la inversión privada en centros residenciales sea beneficio de unos pocos y a costa de la calidad de vida de las personas mayores”. Esto es gracioso. Les recuerdo que el que fue Presidente del PSOE, Felipe González, construyó los cimientos sobre los que se erige hoy en día nuestro sistema político, manteniendo un lujoso nivel de vida. Al igual que su amiguito Aznar que cuenta con un gran patrimonio. O el señor Zapatero que salió del gobierno en plena crisis económica y que está apartado del escenario público, instalado en una vivienda de más de medio millón de euros. O el señor Rajoy que decidió retomar su antiguo trabajo como Registrador de la Propiedad en el que cobra más del doble que cuando fue Presidente.

Todos ellos, junto con el gobierno trifachito en Andalucía actualmente, han construido un país sumergido en un caos acompañado de este virus. Si hay que sacar algo “positivo” de este coronavirus, es que me gustaría que nos viésemos en un espejo, y viésemos en que nos han querido convertir en estas últimas décadas todos estos políticos corruptos, sinvergüenzas y depredadores de una clase trabajadora explotada, nos han querido convertir en sus esclavos. Sin nombrar la conllevada represión policial sobre las ciudadanas que padecemos últimamente y a la que parece ser que tenemos que aplaudir a las ocho de la tarde. Por cierto, aunque quieran taparlo y no sacarlo a la luz, quiero hacer mención a nuestro queridísimo D. Juan Carlos I, corrupto hasta la saciedad.
Esto es lo que hemos tenido y seguimos teniendo en nuestro Gobierno: fascismo, corrupción, Ley Mordaza, represión... Esperemos abolirlo algún día con nuestra lucha por un mundo donde los pueblos sean libres y no esclavos del sistema capitalista. ¡SE LO DEBEMOS A NUESTRAS MAYORES!

En Andalucía hay 665 residencias de mayores, entre públicas y privadas. Para los 8 millones de personas con más de 65 años que viven en el estado español, las plazas disponibles con cobertura pública en residencias de mayores (bien públicas o bien concertadas en centros privados) cubren apenas a 60 de cada 100 usuarias. Es más, teniendo sólo en cuenta a los pensionistas que tengan una pensión superior a 1.500 euros mensuales (solo una minoría abrumadora) son apenas 15 de cada 100 pensionistas los que consiguen la plaza. Los 1.500 euros de pensión es el precio de referencia medio de dichas plazas en el mercado privado. Un servicio que tendría que ser exclusivamente de cobertura pública.

Es notable señalar que las plazas en centros privados y no concertados, tienen a día de hoy un coste medio de mercado para la usuaria por encima de los 1.400 euros; una cifra que excluye a la inmensa mayoría de la población femenina potencialmente demandante de este servicio.

Un robo a mano armada para aquellas personas que no tienen otra opción en sus últimos años de vejez que ingresar en una residencia a precios de mercado privado, suponiendo una atrocidad para las personas mayores sin ingresos suficientes y un atractivo negocio para las empresas que saben jugar muy bien su papel, ya que hay cobertura pública insuficiente y, por desgracia, una demanda social existente, dando todo esto lugar a la exclusión social ¡ES EL NEGOCIO DEL SIGLO!

Los centros de mayores en Andalucía deberían y deben ser todos PÚBLICOS, que se siga financiando públicamente para que los centros privados andaluces tengan beneficios es escandaloso, un insulto a nuestras mayores andaluzas.

El negocio privado que permite la Junta siempre es a costa de las pobres, permitiendo las injustas condiciones laborales de las profesionales sanitarias: cobrando unos salarios de risa, llevando a cabo jornadas laborales excesivas, con un ratio de personal sanitario inferior al que le corresponde, lo que conlleva a más explotación de las trabajadoras de este sector...

Todas sabemos casos de personas dependientes graves, pendientes de recibir su prestación reconocida. Muchas a la espera de plaza en un centro, con esas interminables listas de espera que en la mayoría de las ocasiones suelen finalizar cuando ya, lamentablemente, han fallecido. Esto es lo que nos espera a las andaluzas que ya
tenemos una cierta edad y ya vemos como nos hacemos ancianas. Por ello, debemos luchar por conseguir un bienestar para nuestras mayores, luchar por acabar con ese asqueroso negocio, abolir esas listas de espera y conseguir que los centros de mayores sean públicos todos.

UNA GENERACIÓN CON CONCIENCIA

Las mayores son aquella población con más conciencia social, política y cultural. Vivieron una dictadura y lucharon siempre sin miedo, con su sentimiento de identidad andaluza, en movilizaciones y manifestaciones, y así consiguieron numerosos logros laborales y sociales para que sus hijas pudieran vivir en una Andalucía libre. Todo esto, a pesar de todas las represalias y miserias que tuvieron que vivir en un estado fascista impregnado con un colonialismo agresivo y demoledor.

Quisieron callar las voces de nuestras madres, de nuestras abuelas, que amaban a Andalucía y que conformaban una profunda conciencia obrera. Quisieron tenerlas dormidas, anestesiadas por el franquismo, para así poder detener el sentimiento andaluz.

Pero no lo consiguieron ni los poderes económicos y políticos de esta Andalucía colonizada, ni este estado de neoliberalismo en el que vivimos. Nuestras ancianas labraron y trabajaron con sus manos las tierras andaluzas, no lo olvidemos. Y ahora nosotras somos las que debemos seguir su lucha y recoger todo lo bueno que en ella sembraron. Y ese resultado será el de una Andalucía soberana, libre y feminista, sin llevar detrás el sello y la represión del estado español.

Sólo deseo que la Junta de Andalucía pague por todo el daño que podrían haber evitado simplemente por llenar los bolsillos de los ricos y odiosos capitalistas a los que complace. Y sólo espero que haya valido la pena todas las muertes de nuestras mayores para despertar la conciencia de nuestras jóvenes andaluzas.

¡VIVAN NUESTRAS ANCIANAS Y VIVA EL PUEBLO ANDALUZ!

Alicia Junco

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