Viernes 13 Diciembre 2019

MEMORIA HISTÓRICA Y BANDERAS

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La Transición fue una derrota y una traición.


Los herederos del franquismo -con el Borbón al frente- transitaron a la nueva situación gracias a la colaboración y el sostén del PSOE y el PCE.


Para hacer posible el enjuague y hacerse con un lugar al sol en el nuevo Régimen español -entre otras muchas capitulaciones- los susodichos, entregaron la memoria y proclamaron la amnesia históricas como norma.


Recordar era "provocar" (¿lo recordáis los viejos del lugar?); "hacerle el trabajo a los fascistas" o a los "involucionistas". Reclamar justicia, "prueba de ser un agente de la CIA"; asunto de marginales extremistas ... y lindezas por el estilo.


Así fue durante años y años.


Transcurrido el tiempo, lo conscientemente enterrado, resurgió.


Todavía hoy muchos ponen el énfasis en el recuerdo y recuperación "apolítica" de los miles de asesinados y represalidos por el fascismo español pero no en el conocimiento público de todos sus asesinos, en su declaración de indignidad, en la reparación de los robos y tropelías cometidos y especialmente en la comprensión profunda de lo ocurrido.


Incluso, disocian como si no fueran hitos de un mismo proceso y consecuencias de una misma causa, los hechos de la dictadura de los que son su epilogo y continuidad bajo su régimen heredero: por ejemplo, la impunidad de la dinastía que hizo de puente y facilitador, desde el pasado al presente (sacando en el camino y según la acreditada tradición familiar, abundantes retribuciones por sus servicios).


Aparte, si antes se dio una manipulación en el sentido del olvido inducido, ahora se da otro tipo de manipulación al endosar instrumentalmente el sacrificio de tantos miles y miles de andaluces y andaluzas a símbolos y políticas que no fueron los suyos.


Aclarémoslo.


En 1936 se produjo un golpe militar fascista que contó con la colaboración practica de la inmensa mayoría de la derecha española y españolista (no sólo ni principalmente los fascistas puros de Falange, sino también y destacadamente los monárquicos borbónicos de Renovación Española y de la Comunión, los católicos de la CEDA, los republicanos españolistas del Partido Radical y  los traidores a Cataluña de la Lliga de Cambó, entre otros...)


Aquel golpe de 1936 fue un golpe preventivo contra la movilización popular que amenazaba con superar en sentido social anticapitalista al Régimen republicano español, pasando por encima del débil dique que significaba su ultimo Gobierno del Frente Popular y si tuvo un éxito parcial en un principio, en mucho se debió al miedo cerval de ese Gobierno frentepopulista español a que la derrota de "sus" militares le abriera el paso a una Revolución que se llevara por delante a la España que administraban y con la que se identificaban.


Los y las antifascistas que pusieron sus pechos frente a las balas del Ejercito español lo hicieron en su inmensisima mayoría no por defender a una II República española que los había reprimido y hambreado y que los había traicionado sino por impedir la victoria de la reacción burguesa y ultraespañolista que sabían impregnada de propósitos genocidas. Sus banderas de combate y heroísmo eran las de sus organizaciones y sentimientos de clase y de nación: rojas y rojinegras; catalanas, andaluzas, vascas, canarias y gallegas.


La bandera tricolor era la del Régimen que los había defraudado e inicialmente también las de sus militares colonialistas y fascistas que ahora a sangre y fuego planteaban una nueva "Reconquista" conscientemente exterminista.


¿Quien hubiera estado dispuesto a arriesgarse a romperse siquiera una uña -no digamos a jugarse la vida- por mantener a gentes del estilo de Azaña, Martinez Barrio o Alcalá Zamora en sus poltronas en Madrid?. ¿Los que combatían casi con sus manos desnudas ante el avance del ejercito de África lo hacían por una "legalidad republicana española" que despreciaban u odiaban?. En absoluto. ¿Los hace eso menos merecedores de homenaje?. Por supuesto que no. Al contrario. Precisamente el respeto a su entrega y sacrificio ha de ser proporcional a la preservación y recuerdo de los que fueron sus fines y motivaciones reales y en consecuencia sus símbolos.


Lucharon y cayeron por su clase. Por sus países. Contra el fascismo y la reacción españolas. No por ninguna República española (que sólo motivaba a las escualildas filas espectrales del republicanismo burgués democrático español de los Azaña y cía, que poco se veían en los frentes y en las barricadas de las calles). Y así fue y siguió siendo, mucho más allá del momento en que el bloque fascista recuperó la bandera bicolor en agosto de 1936.


Sólo al paso en que la contrarrevolución democrática se hacia dominante en la zona repúblicana y con ella las derrotas y las traiciones y la impotencia (y la reivindicación de los mitos alienantes españoles), la bandera española tricolor fue puesta de nuevo poco a poco en lugar preeminente por quienes habían asumido una estrategia política que condujo a la derrota definitiva de las masas que encuadraban y decían representar.


La conversión del PCE, el PSOE (también la CNT) al orden que llevaba aparejada la derrota fue su sostén, regalándole a los espectros republicanos un mérito y una mítica que en absoluto merecían.


Luego de la victoria fascista en 1939, esa bandera fue asumida y abandonada a conveniencia según los giros tácticos de la oposición exilada. Dentro, en el interior, como todo lo antifranquista -con merecimiento o no- absorbió sentido instintivo y elemental de resistencia.


Pero hoy, precisamente cuando ejercemos la memoria y precisamente desde el respeto a los mártires, no podemos de nuevo caer en una mixtificación y manipulación del pasado.


No podemos admitir que los que cayeron por una Revolución y una Liberación entonces traicionadas sean décadas después de nuevo instrumentalizados para reverdecer símbolos que conducen a una nueva derrota y llevan consigo una renovada frustración.


Así pues, es obligado constatar que quienes acudieron a las tapias del cementerio de Granada el 20 de Julio de 2018 con la bandera andaluza -la auténtica bandera republicana de los andaluces y andaluzas- no sólo mostraron un emocionante ejercicio de respeto -no sólo humano sino también político- a los mártires de la guerra y la resistencia desde la historia sino también ejercitaron la clarividencia política cara al futuro para reclamar -tan respetuosa como claramente- que los andaluces como pueblo no repitamos errores del pasado -poniendo muertos y sacrificio por causas ajenas- y que en adelante -siguiendo la estela de nuestros antepasados y aprendiendo de sus sacrificios- actuemos con coherencia y decisión.


¡VIVA LA REPÚBLICA ANDALUZA!