Domingo 8 Diciembre 2019

VOTAR O NO VOTAR

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voto

 

El debate sobre votar o no votar es una discusión recurrente entre sectores nacionales y de izquierda consecuente. Reaparece ante cada comicio.

 

Los partidarios de la abstención activa inciden habitualmente en algunos hechos ciertos: . La enorme desigualdad de partida entre las opciones contendientes que distorsiona los resultados, siempre en sentido favorable a las fuerzas del Régimen. . La misma naturaleza del Régimen, cuyo núcleo de Poder esencial y estable siempre es preservado del escrutinio electoral. 

También hacen hincapié en los peligros de la participación electoral como posible soporte de la corrupción y paulatina integración en el Régimen de fuerzas anteriormente contestatarias o de la devaluación o supeditación que puede amparar en cuanto a la importancia central de la movilización política y social extraparlamentarias. 

 

Son argumentos serios, avalados por múltiples precedentes y referencias.

No obstante, la conclusión en que termina esta posición encierra diversas carencias. No sólo no tiene en cuenta que, desgraciadamente, el nivel social medio de claridad y comprensión de la realidad no tiene ni su lucidez ni su determinación. De lo contrario, estaríamos evidentemente en muy diferente situación.

 

Su propuesta tampoco lleva consigo vías que permitan cerrar esa brecha. Su posicionamiento implica una disociación total, que realmente no existe, entre la consecución de avances y reformas parciales -o el freno de contrarreformas y regresiones- y la victoria final; entre los planos de lucha parlamentario y extraparlamentario, institucional y extrainstitucional y una incomprensión de los mecanismos por los que es posible -en regímenes y países como el nuestro- hacer progresar el arraigo y la influencia de un proyecto nacional y social alternativo. La "negación total" puede estar al final del camino -o muy cerca- pero no en su comienzo.   

 

Es absurdo, además, pensar que una fuerza que sea ya de entrada incapaz de superar los obstáculos y las trampas del Régimen para alcanzar un mínimo respaldo electoral y que renuncie por principio a implicarse, vaya a ser por contra capaz de afrontar satisfactoriamente otras tareas y desafíos futuros cualitativamente más serios

 

De otra parte, si bien el abstencionismo vacuna contra determinados tipos de colaboracionismo -aunque no frente a otros- puede implicar un serio y también extremadamente arriesgado menosprecio de los peligros simétricos de una exaltación de la marginalidad y la impotencia políticas.

 

Es verdad que la Independencia y el Socialismo para Andalucía no se alcanzaran solamente amontonando diputados en Madrid o en Sevilla y que un profundo enfrentamiento social extraparlamentario con el Estado español resultará muy posiblemente inevitable, si se quiere conquistar la Ruptura con el orden político y social vigente. 

 

También lo es que esta confrontación sólo es planteable a partir de una previa realidad de fuerza política y social organizada que, en nuestras condiciones, ha de manifestarse con anterioridad en la capacidad contrastada de aparecer y actuar como opción política representativa y articuladora de sectores sociales significativos (lo que encierra necesariamente un combate exitoso por una presencia parlamentaria e institucional). 

 

Cabe la posibilidad de que el Régimen se proteja preventivamente, vulnerando su propio discurso, ilegalizando fuerzas realmente antagónicas para cortar en seco su progresión -hipótesis siempre a tener presente- pero para ser merecedor de esta "atención" hay que haberse ganado antes una base social y política y además -en un juego a dos- siempre cabe bien trabajar para que el gasto le sea impagable o para preparar la confrontación en mejores circunstancias. 

 

La abstención o la no presentación, planteadas como fórmula de deslegitimación radical del Régimen, pueden tener sentido y utilidad prácticas en momentos en que sirvan como fórmulas de expresión de una amplia y radical movilización social y cuando se les acompañe de propuestas efectivas de poder alternativo. No es nuestro caso ahora; ni nada indica que lo sea en el futuro inmediato. En nuestras circunstancias -cuando la mayoría de los abstencionistas realmente existentes lo son por apatía, confusión o ignorancia- y las fuerzas de izquierda nacional consecuente son pequeñas, la postulación de la abstención se reduce inevitablemente a una forma de escape político e intelectual para encubrir -bajo resultados incuantificables- la propia debilidad.

 

Hay también quien recurre para justificar su abstención a resguardarse tras las huelgas o los movimientos de masas. Serían ejemplos de otra correlación más favorable. Valorándolos en su extrema importancia -como experiencias de lucha y como espacios de gestación y formación de militantes- no cabe honestamente olvidar sus límites. Lo importante aquí es reconocer que sus mismos protagonistas en amplísima proporción no los confrontan como soportes antitéticos a la representación electoral; más aún, participan mayoritariamente y lo hacen dándole respaldo a fuerzas políticas que incluso han estado ausentes o presentes de mala manera en su propia practica de movilización. Conseguir ser referencia política de la movilización social es una tarea que tiene sus propias reglas y en la que han de combinarse el plano inmediato con la consecución de credibilidad como proyecto político global alternativo.

 

Otros abstencionistas, desde presupuestos más o menos neoanarquistas, justifican su postura considerando esencialmente ajena o éticamente negativa la lucha por el Poder político, valorada como consustancialmente perversa. 

 

Sin embargo, es forzoso reconocer racionalmente que conseguir la liberación nacional de Andalucía -construir una nación andaluza alternativa- y acceder a la emancipación socialista -una sociedad igualitaria colectivamente dueña de su destino- es una tarea imposible de culminar y consolidar bajo la bota de España y el Estado español. 

 

Es verdad que el avance del proyecto nacional andaluz implica la construcción progresiva de bases sociales y políticas organizadas y alternativas, pero también lo es que la consumación de este objetivo requiere como condición inesquivable la ruptura irreversible con España y la destrucción del Poder capitalista español sobre Andalucía y su sustitución por un nuevo Estado nacional andaluz; una República democrática andaluza. No cabe apostar por la coexistencia estable e indefinida entre fenómenos enemigos irreconciliables. 

 

En la plasmación de esa estrategia de emancipación nacional y liberación socialista, no cabe confundir tampoco conceptos básicamente distintos como "mayoría social" y "mayoría parlamentaria" (y menos aún otros, esencialmente tramposos, como "mayoría estatutaria" o "mayoría constitucional") que pueden o no corresponderse, según la coyuntura. 

 

Pero en nuestra realidad -y salvo cambios muy importantes que no se atisban- conseguir esa mayoría social -sostén y palanca de la Ruptura independentista y socialista- es sinónimo de alcanzar una fuerza capaz de traducirse en una sustancial representación parlamentaria en el Parlamento andaluz -y muy posiblemente en la Junta- que permita usar ambas instituciones como plataformas de confrontación. Construirla es una tarea ineludible para poder estar en condiciones de iniciar, con la debida legitimación y soporte social, la etapa de ruptura política con España y de eliminación del orden social español en Andalucía.

 

Ahora mismo en Andalucía, si es posible, participar y contarse -sean cuales fueren los resultados- es mucho mejor y más educativo que esconderse..”  

JAVIER PULIDO

[Andalucia Libre] nº 225 - Andalucía Libre ante las Elecciones del 14-M, lunes, 1 de Marzo 2004

[Para complementar este texto, fragmento de un artículo recuperado de 2004, recordar -en pocas palabras- en relación a 2019: A.Voto útil, diputado inútil”. B. “ANDALUCÍA: De entrada, NO VOTAR A: 1. Siglas españolas o que defienden España. 2. Traidores a Andalucía. 3. Payasos lumpen-frikis”]