Lunes 14 Octubre 2019

ANDALUCIA Y EL NUEVO CICLO ELECTORAL

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El 28 de abril hay convocadas elecciones generales españolas; el 26 de mayo, elecciones municipales y europeas. Sin prácticamente tiempo a analizar y digerir en todas sus profundas y complejas implicaciones los resultados de las recientes elecciones andaluzas del 2 de diciembre, Andalucía se encuentra inmersa en un nuevo ciclo electoral.

 

PAPELETA DE VOTO

 

El contexto inmediato

Ha sido precisamente Andalucía –junto a Cataluña, aunque en sentidos bien diversos- la que ha contribuido decisivamente a esta concatenación electoral. 

Si miramos en perspectiva de larga visión, a Andalucía le encuentra este nuevo ciclo electoral en prácticamente la misma situación estructural de fondo que la que tenía antes del 2D: reducida a la condición de objeto paciente y sin capacidad de actuar como sujeto activo. Nuestra sociedad es hoy la misma que había en vísperas del 2D: el fruto de 40 años de PSOE y de dependencia estatutaria hacia España. 

 

Y la situación general del movimiento nacionalista andaluz –el único actor con capacidad potencial para modificar la realidad andaluza y su lugar y relación con España- es sustancialmente la misma que en vísperas del 2D. La misma en cuanto a su problemática configuración interna y a su débil nivel de implantación –aspectos interrelacionados- y consecuentemente de ello se deriva su ausencia de la escena nacional como factor político; no ya con capacidad de definición sino incluso de presión significativa sobre el curso de los acontecimientos.

Así de mal están las cosas y de ello debemos partir.

Sobre esta realidad y estos cimientos se ubica en su superficie una nueva situación política-electoral en la que la UltraEspaña (PP/Cs/Vox) ocupa ahora la Junta de Andalucía y contra la que el PSOE ahora también se postula como principal aspirante a analgésico (en directo detrimento de un Podemos/IU que a velocidad sideral se ha manifestado a sí mismo como un secundario prescindible).

La convocatoria de las generales españolas en abril ha hecho una la campaña electoral, contaminando de forma profunda e inevitable a municipales y europeas de mayo, que quedan inevitablemente bajo su sombra; reducidas a la condición de trasunto de “segunda vuelta”. Y así lo “local” va a desaparecer o disminuir dramáticamente su espacio de atención en ciudades grandes y medias y aún en algunos pueblos en las municipales. Y, así también, las “europeas” van a perder su condición de convocatoria propicia para el experimento o el voto simbólico o de castigo.

El independentismo y ¿Votar o No votar?

No voy a detenerme en exceso en reproducir elementos de análisis y argumentación de tipo estratégico que ya están de alguna manera reflejados en mi texto “Votar o No Votar(1)

Baste aquí reafirmar brevemente, primero, que no encuentro por ninguna parte cuestiones de fondo o razones de principio que hagan de naturaleza políticamente diferentes entre sí -para quienes luchan por la Liberación y Soberanía Nacional de Andalucía- el concurrir o no a elecciones locales, nacionales, estatales o europeas; buscando presuntas diferencias principistas entre unas y otras, que permitan presentarse a unas mientras prohíban concurrir a las otras. Segundo, que, en nuestra realidad concreta, creo que la participación y la batalla han de ser la pauta –al menos como aspiración- y que la ausencia en forma de abstención no es un recurso útil ni en lo político ni en lo pedagógico.

Todas estas diversas formas de concurrencia electoral a diversas instituciones son batallas políticas –aun con sus especificidades- que un movimiento de liberación y una izquierda nacional que merezcan tal nombre -en las condiciones de nuestro país- han de plantearse disputar, utilizar y ganar, si las fuerzas militantes le acompañan, para construir peso y audiencia social y estar en su momento en condiciones de usarlas como palancas instrumentales al servicio de la conquista de la Soberanía Nacional y la Independencia.

Todas tienen su sentido en el contexto de un proyecto nacional global y todas se interrelacionan en la práctica real y como tal han de ser leídas, medidas y valoradas, con sus ventajas e inconvenientes respectivos. 

Desmitificando el “municipalismo”.

 

En este punto sí me parece oportuno incidir especialmente en la necesidad de integrar analíticamente todas estas convocatorias, especialmente desmitificando el ámbito municipal que -no se sabe bien porqué- algunos tienden últimamente a sobrevalorar, como si fuera algo cualitativamente distinto, o incluso hasta mejor éticamente. El plano municipal tiene sus singularidades –como todos- y entre ellas conviene recordar y destacar sus limitaciones competenciales para alterar las condiciones de vida de la población en muchos aspectos sustanciales.

Tampoco encuentro fundamento a colocar forzadamente lo municipal como una especie de preámbulo obligado, para luego subir disciplinada y mecánicamente por etapas sucesivas a escalones superiores. La política -como la vida- no entiende de compartimentos estancos ni se somete a esquemas lineales preconcebidos (“de lo local a lo general”) de obligado recorrido.  Más bien se da en formas más mezcladas o incluso en orden inverso al que pretendidamente se presenta como el único prudente y lógico.

No hace falta tampoco -para apreciar la evidente importancia de lo local- caer en visiones empobrecidas y miméticas -y por tanto simplificadas- de proyectos gestados en otras realidades con ecosistemas sociales y políticos bien distintos a los andaluces como a algunos les ocurre ahora en relación a Cataluña y a las CUP o en otros ambientes en relación a lo que ha devenido en denominarse “municipalismo”.

Además, no hay necesidad de irse tan lejos. Aparte de las posibles reflexiones generales ya apuntadas, para fundamentar esta perspectiva compleja, en Andalucía –sin ir más lejos- contamos para sustentar –si se quiere y además a partir de la experiencia- una valoración más ajustada sobre los límites y peligros implícitos de la llamada “vía municipalista” con la trayectoria histórica de las CUT (que arrancan en 1979 y tienen ya, por tanto, 40 años a la espalda) y en el balance político nacional que estas ofrecen; no sólo en su gestación, desarrollo y evolución sino sobre todo en sus consecuencias  (o más bien en su ausencia) para la configuración de una fuerza de izquierda andaluza nacional.

Ciertamente. Sí hay un tipo de convocatoria con un valor singular para una fuerza de liberación nacional y social andaluza: la que se realiza al Parlamento andaluz. Pero esto deriva de su ámbito simbólico y de que llegado el momento y acumuladas las fuerzas debidas, puede ser el escenario no sólo para visualizar una alternativa nacional a la Andalucía dominada sino sobre todo para plantear o sostener o complementar una fase superior de enfrentamiento y ruptura con España. Aun así, nos queda bastante para llegar a momentos como este y para hacerlos posibles parece obvio que previamente hay que construir realidad y ganar espacio en todas esas otras batallas.

La situación del movimiento nacionalista andaluz

 

En las pasadas elecciones autonómicas del 2 de diciembre y tras muchos años de ausencia, la organización Nación Andaluza se presentó en siete de las ocho circunscripciones, obteniendo en total 5.015 votos. 

Cara a las elecciones generales de marzo, la Permanente de NA ha publicado un comunicado -emitido el pasado 26 de febrero- (2) que puede resumirse en su consigna final: ¡Elecciones españolas, abstención andaluza!”Aun compartiendo muchísimo de lo que en ese texto se explicita, no estoy de acuerdo con que sus constataciones y premisas conduzcan obligada e inevitablemente a su conclusión abstencionista. Y por las mismas razones que por la que entendí y apoyé su valiente y acertada decisión -bajo los mismos presupuestos políticos de fondo- de presentarse a las recientes elecciones autonómicas para poder expresar y cuantificar un voto claramente nacionalista y soberanista.

Entiendo perfectamente la situación coyuntural de una pequeña organización militante de izquierda independentista -activa en mil tareas e implicada en mil batallas- que lleva prácticamente en solitario –por dimisión de otros- una responsabilidad histórica tan pesada como la de mantener vivo y presente en la realidad andaluza un movimiento nacionalista con un proyecto político nacional, cuando se enfrenta a situaciones políticas como la presente. Y entiendo también lo que significan las nuevas trabas que –aparte las de siempre- conlleva la legislación electoral española para la presentación de una fuerza extraparlamentaria. Y respeto que atendiendo a sus legítimas prioridades –que también son organizativas- se haya decidido finalmente por recuperar como lema y opción la abstención.

Así y con todo y aun constatando el deprimente contexto del resto del movimiento nacionalista, pienso que hubiera sido mejor intentar presentarse (acompañados de otros nacionalistas andaluces o aún en solitario). 

Una vez decidida la no presentación de candidatura creo que una formula del estilo de la que significa el “voto soberanista por la República Andaluza” –que computa nulo- es pedagógicamente mejor que la abstención (3), por mucho que esta se adjetive como “activa”, para afirmar una posición resistente y contraponer una alternativa nacional a la alienante presión para recaer en el llamado “voto útil” a fuerzas españolas como el PSOE o Podemos/IU con la justificación de que sirven para parar a la “UltraEspaña” y también como opción afirmativa que evite otras tentaciones -también de tipo “mal menor”- como refugiarse en su caso en un voto regionalista o –por desconocimiento- en alguna lista esotérica.

La posición de Nación Andaluza, no obstante, es incompresible e inexplicable si no se repasa la situación del resto del movimiento nacionalista andaluz (entendiendo este en su ámbito más amplio posible). 

De entrada, los otros dos pequeños colectivos de activistas soberanistas que desarrollan labor nacional, cada uno con sus especificidades –Asamblea de Andalucía y Jaleo- no comparten la necesidad de afirmar hoy una referencia política –y por tanto electoral- nacional (por simbólica que sea) y no ven su necesidad (incluso para dinamizar e influenciar la decantación consecuentemente soberanista de otros sectores susceptibles de reagrupamiento). Confían en que un prolongado y molecular trabajo de implantación la genere en un futuro indeterminado; muy marcados en la práctica (en especial Jaleo) por su visión sobre el lugar presente y futuro de lo que hoy es el SAT (y antes fue la CUT) en esa hipotética recomposición del movimiento nacionalista.

De la implosión andalucista ha salido bien poco positivo. De una parte, en su flanco derecho, AndaluciaxSí (22.032 votos en las autonómicas) se ha configurado y cristalizado como una especie de PA “renacido” en pequeño; que no ha aprendido ni rectificado nada en relación a la ideología, ética y trayectoria política del regionalismo que le antecedió, del que surge y al que pretende darle continuidad tal cual. De otra parte, en su flanco izquierdo, mientras unos como IA y Pri.And. han optado por ubicarse como satélites del españolismo de izquierda que se encarna en Podemos+IU; otros como IPA van de la mano de Equo.  Ni unos ni otros (aún cada uno con su matiz) han dado el salto al soberanismo andaluz y en lo fundamental, se han quedado estratégicamente donde estaban. Ya gustaría que se viera algo diferente; pero lo que se ve es lo que se ve.

El SAT, por su parte, visto y valorado como movimiento sociopolítico (aunque tenga una faceta sindical) bajo la dirección de Cañamero (hasta ahora diputado de Podemos) mantiene una diferencia sideral entre su retórica “soberanista” y su cotidiana política práctica arquetípicamente “colonial” (según los calificativos y parámetros a la moda en los ambientes instruidos). Es la fuerza aún más numerosa, pero se ha mostrado incapaz de evolucionar, de rectificar y de relacionarse de forma positiva con ningún colectivo político con convicciones nacionalistas que no se someta a las prioridades e intereses de sus líderes de siempre. Desafortunadamente, tampoco por este lado se atisba de momento nada nuevo, más allá de las críticas en susurros que por crónicas e inoperantes, hace ya mucho que dejaron de despertar ni atención ni expectativas. 

Y este panorama en su conjunto es el que explica –en resumen- que en los márgenes de todo esto aún puedan encontrarse personajes como el Sr. Altamirano haciendo de las suyas… para acabar de generar mayor confusión si cabe (y que además haya que citarlos para completar el cuadro). 

Mi posición de voto y su papeleta

 

Decía en “Algunas premisas para situarse ante las elecciones(3) que “a la hora de plantearse el apoyo a una opción política hay múltiples planos que contemplar. Por ejemplo, si sostenerla supone un avance o un retroceso o un estancamiento en el nivel de conciencia de la gente en relación a temas que se consideren clave.” Ahí también recordaba que “el voto es un acto de apoyo político. No el único, pero sí importante. El llamado "voto útil" tiene implícito el problema de que reafirma y sostiene una determinada correlación de fuerzas e infiere que se puede convivir con ella, o que no cabe más que adaptarse a ella.”

Así pues –a falta de una candidatura que lo encarne- utilizar una papeleta de voto que recoja un compromiso por la Soberanía Nacional de Andalucía y por la conquista de la República Andaluza es lo más cercano a disponer de una opción partidaria que votar. Más aun teniendo en cuenta que a nadie se le oculta que hoy en Andalucía el acceso a obtener representación desde estas posiciones es prácticamente imposible y que su defensa es un ejercicio de autoafirmación y construcción de futuro.

Es una opción –obviamente- para todo el ciclo electoral: para generales, pero también para municipales y europeas; válida para todo el territorio nacional andaluz.

Sólo en aquellas localidades donde en las municipales se presenten candidaturas inequívocamente soberanistas o plataformas honestas donde el soberanismo esté integrado, cabe sustituir esta papeleta por aquellas.

Estas municipales también son ocasión para manifestar que no se puede dejar el futuro de Andalucía en manos españolas –por acción u omisión-  y luego reclamar para sí apoyos para acceder o mantenerse en las poltronas.

JAVIER PULIDO, Andalucía, 3 de Marzo de 2019

(1) “Votar o No Votar”,

(2) Nación Andaluza sobre las elecciones estatales del 28-A. ANTE LAS ELECCIONES ESPAÑOLAS: ABSTENCIÓN ANDALUZA,

(3) Representación y Abstención

(4) “Algunos criterios para situarse ante las Elecciones