Jueves 17 Octubre 2019

Blas Infante

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BLAS INFANTE - PADRE DE LA PATRIA

 

Blas Infante es, a la vez, un personaje histórico y un símbolo; sujeto tanto a mitificación múltiple como a mixtificación interesada. La figura de Blas Infante, elevado al grado de “Padre de la Patria Andaluza”, ha sufrido y sufre de distorsiones que, aún provenientes de muy diferentes y enfrentados sectores y con muy desiguales ecos públicos entre ellos, han sobrepuesto a la persona del militante histórico asesinado por el españolismo fascista en 1936, tantos y contradictorios contenidos que resulta enormemente difícil recuperar al Infante real, con sus aciertos, errores, confusiones y deseos de los adherentes que se le han ido añadiendo como envoltura.

 

esta recuperación es necesaria porque Infante -con sus luces y sus sombras, intelectuales y políticas- siendo como es indiscutiblemente una figura capital en la historia de Andalucía, requiere ser visto en el pasado como lo que realmente fue; no sólo por respeto a la memoria histórica de la nación sino como condición inexcusable para que su conocimiento contribuya eficazmente en el presente a la Liberación Nacional del país por el que dio su vida.

 

La más peligrosa e innoble mixtificación proviene de los ámbitos institucionales. No deja de resultar repulsivo ver el espectáculo hipócrita de la asistencia del PP, heredero político e ideológico de sus asesinos, a la conmemoración de su asesinato. Tampoco resulta agradable contemplar como el PSOE, epígono de quienes durante la II República española apoyaron la división de Andalucía y se opusieron a su acceso a la autonomía -contribuyendo al retraso que hizo dilatar la cuestión hasta 1936- y responsable máximo de su actual subordinación política y dependencia económica, utilice su figura como excusa, por enésima vez, para sus últimas elucubraciones españolistas, por ejemplo, a cuenta de la Reforma Estatutaria.

Todo ello es consecuencia de ese discurso que pretende a un Infante aséptico y neutro; por encima de derechas e izquierdas. Tampoco resulta muy coherente su apropiación desde quienes -como el PCE/IU- siguen, en la práctica, restringiendo la cuestión nacional andaluza a un problema de subdesarrollo a resolver benévolagentilmente por el Estado español, aunque se le apellide federal.

 

Desde el andalucismo (sea en sus versiones PA PSA) también subleva que se reduzca a Infante, siempre tan inquieto por vincular su proyecto de Andalucía a la transformación de su realidad y al avance constante hacia su emancipación política, a la condición de precursor y avalista del oportunismo político y conformismo social que marcan de forma indeleble la trayectoria regionalista; distinguida siempre por confundir deshonestamente su pugna partidaria egoísta por conseguir cargos institucionales a cualquier precio con la obtención de un poder nacional para Andalucía. Justo el criterio antitético a un principio básico que impregna toda la vida de Blas Infante.

 

Finalmente, desde algunos sectores del Movimiento de Liberación Nacional Andaluz (MLNA) existe una permanente tendencia a convertir a Infante en mito; descontextualizando su figura, transmutándolo en presunta inspiración política e ideológica contemporánea plenamente viva, obviando sus errores, limitaciones y contradicciones o intentando -por la vía de seleccionar aspectos y pronunciamientos de su muy compleja labor y producción- reconvertir a Infante hasta el punto de hacerlo a posteriori portavoz del MLNA, como si éste requiriese vitalmente para legitimarse el ampararse bajo su manto protector.

 

Infante y su tiempo

 

Infante es un personaje en el que se encuentran, en una síntesis personal muy marcada por sus circunstancias vitales y las de la Andalucía que le tocó vivir, experiencias políticas previas como las del republicanismo federal regionalista del siglo XIX y el movimiento cultural que a finales de esa centuria redescubre la identidad andaluza.

 

Infante no sólo fija los símbolos nacionales, sino que, sobre todo, tiene el mérito indiscutible de ser animador incansable de un movimiento político que toma conciencia de la existencia de Andalucía como realidad nacional y que pretende construirla políticamente.

 

En Infante este empeño anda siempre unido de forma indisoluble a la aspiración de la transformación social de Andalucía, concretada en la demanda de una Reforma Agraria que elimine drásticamente el latifundismo y reconvierta a los jornaleros en clase campesina poseedora.

 

Infante, política y socialmente, es claramente un hombre de izquierdas; enfrentado al Régimen monárquico de la Restauración y al orden oligárquico que éste encarna y protege. De su regeneracionismo inicial va evolucionando siempre hacia la izquierda, atento a conectar simultáneamente propuestas republicanas de matriz pequeñoburguesa y sindicalistas, de base obrera; en formas conexas a las que por entonces se presentan en el debate político andaluz. Por ello va delimitándose y dejando atrás en el camino a quienes sólo ven en su proyecto un andalucismo cultural o una posible careta neoconservadora y confluye con figuras como el libertario Vallina, el social-revolucionario Balbontin (posteriormente, primer diputado del PCE) o el agrarista Pascual Carrión.

 

Cuando desde algunos ambientes se intenta descalificar sottovoce a Infante tachándolo de “burgués” -por su origen social -aparte el exceso calificativo que esto supone- se olvida que éste, en concreto, es muy similar o incluso bastante más modesto que el de otras figuras históricas como MarxEngelsBakuninTrotsky Rosa Luxemburg o en Andalucía, Fernando de los Ríos o Hermenegildo Casas.

 

Y, sobre todo, con esa acusación se obvia que el programa político y social que Infante defiende se encuentra casi siempre, por ejemplo, muy a la izquierda en lo concreto del que asume el PSOE de la época (sea en 1919 o en 1931) y también, en su etapa postrera (1936), el PCE.

 

Otro asunto diferente es la fortuna o coherencia con que lo formule (aspectos en los que tampoco destacan precisamente otras corrientes políticas en aquellos momentos) o su fracaso en dotarse de instrumentos colectivos que trasciendan los sectores pequeño-burgueses en que se mueve para conectar con las mayorías sociales a las que pretende dirigirse.

 

Ciertamente, Infante ni es marxista ni es un revolucionario socialista y tanto en el análisis como en el programa lo denota de forma notoria con consecuencias -desde nuestro punto de vista- negativas tanto desde el punto de vista analítico como político, pero, salvando las múltiples distancias, tampoco Zapata era ni lo uno ni lo otro. Es verdad que Infante nunca acaba de asumir que la emancipación nacional y la transformación social que ansía para Andalucía exigen una ruptura revolucionaria global con el capitalismo español, pero es que, a la hora de la verdad y puestos a hacer balance sobre la práctica, ¿PSOEPCE CNT -por citar las tres corrientes mayoritarias del movimiento obrero andaluz- actuaron con mayor coherencia y decisión que Infante?

 

Haciendo un ejercicio comparativo con otros próceres nacionales de otras naciones peninsulares, Infante se encuentra más a la izquierda que MaciàCompanys Castelao; no digamos en relación a CambóSabino Arana Aguirre. Infante no puede además tener dudas en su referente social: la burguesía andaluza después de 1869 es homogénea y uniformemente españolista (con contadas excepciones personales). Infante se dirige hacia la intelectualidad y la clase trabajadora.

 

Infante no es independentista. El modelo político de relación y vinculación de Andalucía con el Estado español que tenazmente defiende Infante a lo largo de su trayectoria es confederal; aunque en lo táctico en varias ocasiones trabaje por conseguir un reconocimiento político español de la entidad nacional andaluza aún en forma de mancomunidad o autonomía. Siguiendo en el ejercicio de la comparación, aunque en su contemporaneidad el PNV sí lo sea -en el terreno de los principios genéricos que no en su acción política practica- en esto, Infante tampoco desentona con los referidos Companys o Castelao.

 

Los límites de Blas Infante.

 

El problema de las posiciones de Infante -y que aún nos afecta políticamente hoy- no está tanto en la relación política que defiende entre Andalucía y el Estado español, ya que parte del reconocimiento de una Soberanía Nacional andaluza y de su derecho a la autodeterminación como bases desde la que formula el pacto confederal al que aspira, sino en la confusión y ambigüedad de su caracterización sobre la entidad nacional de Andalucía y sobre todo, de España.

 

En lo primero, el confederalismo de la propuesta infantiana ha de insertarse en su encuadre histórico y tiene que ver con lo ocurrido en el Estado español hasta entonces. Desde nuestro tiempo podemos verlo -como ocurre en otras naciones peninsulares- ubicado en su momento. En lo segundo, las opciones interpretativas de Infante, puestas de manifiesto en su seis veces modificado lema: "Andalucía, por sí; para España y la Humanidad", los efectos negativos de su posicionamiento aún siguen operando.

 

Infante, a diferencia de otros nacionalistas peninsulares, no limita nítidamente a España sólo a la condición de Estado y mete a España como innecesario escalón intermedio en su profesión de fe universalista que simboliza en su compromiso por la Humanidad.

 

Esta opción es, a medias, una concesión a la presión españolista del entorno y una consecuencia de su confuso y complejo pensamiento, en el que Infante opta por un denominado Principio de las Culturas sobre lo que el interpreta como Principio de las Nacionalidades.

 

Paradójicamente, su asunción esencialista de un ser andaluz ahistorico -contrapuesto al europeo- y su consideración de que este encierra un modelo civilizatorio superior, le conduce por vía expansiva a pretender proyectarlo a España, regenerándola desde la revivificación de sus diversas personalidades nacionales convenientemente acompañadas de esa impregnación andaluza, "esencia de España".

 

La consecuencia política de todo este inmenso galimatías conceptual -que es fruto del ambiente en que intelectualmente se formó Infante y del medio social andaluz de la época- es que Infante, a la vez que redescubre y resalta -incluso con algún exceso- señas de identidad especificas andaluzas como nuestra etapa andalusí, contribuye a la vez contradictoriamente a promover el asimilacionismo y la usurpación de la identidad nacional andaluza por la española, para regocijo hoy de los españolistas y carga de los nacionalistas andaluces, que, en nuestros días, llevamos años modificándole al propio Infante la letra de nuestro Himno, sustituyendo la referencia a “España” por “los pueblos” [o “su pueblo”].

 

Infante, la acción política

 

Infante, como hemos dicho, anima un movimiento político (sea en forma de Centros Andaluces, Junta Liberalista, Acción Pro-Estatuto...) pero nunca funda un partido nacionalista. Opta por lo que hoy llamaríamos "plataformas", en donde coexisten personas de diversa adscripción partidaria o sin afiliación, fundadas con el objetivo de extender la conciencia nacional y difundir las reivindicaciones andalucistas.

 

Con ello arrastra tras de sí una gran heterogeneidad de adhesiones, que según los momentos y las comarcas dan diversa tonalidad política al movimiento andalucista, perdiendo en coherencia (sólo hay que recordar el curso político de Eloy Vaquero en Córdoba o Gallego Burín en Granada) lo que aparentemente gana en amplitud.

 

Una opción explicable en sus inicios, se mantiene hasta el final de su trayectoria sin que ello impida a Infante, a su vez, afiliarse a partidos de ámbito estatal como el republicano federal o la Izquierda Radical Socialista, que utiliza como tribunas desde la que defender su pensamiento. Muy crítico con el juego parlamentario, concurre como candidato en varias ocasiones, tanto bajo la Monarquía como bajo la República. Sus posiciones al respecto, combinan, de una parte, un claro distanciamiento hacia la politiquería -con ideas que mezclan presupuestos democrático-radicales con referencias socialistas y anarquistas- con guiños hacia el movimiento libertario andaluz -una constante en Infante- y al final, un intento de racionalización autojustificativa en su fracaso en dotarse de un instrumento político eficaz. Esta carencia será otro elemento clave en el balance político final del movimiento andalucista histórico.

 

Aparte, el mismo Infante estudioso de la cultura andalusí que peregrina a Agmat (Marruecos) en 1924 a visitar la tumba de Al-Motamid, emir-poeta andalusí de Sevilla y se fotografía con sus descendientes, no va más allá de una actitud paternalista hacia Marruecos, reclamando que, por afinidad, los asuntos del Protectorado marroquí sean delegados por el Estado español en la Andalucía autónoma sin asumir la reivindicación de independencia que poco antes Abd-el-Krim ha defendido con las armas en la sangrienta guerra del Rif.

 

Tras cerca de treinta años de labor política, Infante y el movimiento que encabeza consiguen un reconocimiento político -por tenue e insatisfactorio que sea- de la entidad andaluza: el Anteproyecto de Bases Estatutarias aprobado en 1933. Es un texto que incluso admite la posibilidad de la escisión de Andalucía, cesión que Infante ha de admitir tras polemizar duramente contra ella, ante la presión localista de las oligarquías locales, convenientemente acompañadas por el PSOE. Desde su punto de vista, es una base de partida a modificar en adelante.

 

Tras el parón del Bienio Negro, 1936 es el año en que Infante se dedica a hacer campaña por el próximo Estatuto andaluz. La primavera y el verano la dedica a actos y viajes de agitación y propaganda y a la difusión del Anteproyecto, incluyendo a Murcia y Badajoz. Tiene la satisfacción de ver en Julio como en los Ayuntamientos de Sevilla y Cádiz es izada oficial y solemnemente la Verdiblanca, la bandera nacional de Andalucía. Queda fijada para el último domingo de Septiembre de 1936 una Asamblea nacional destinada a debatir y modificar el Anteproyecto y aprobar el Proyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía.

 

El golpe fascista bloquea el proceso y asesina a Infante -que muere gritando Viva Andalucía Libre- aduciendo que "Infante formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta el 1936, se significó como propagandista para la constitución de un partido andalucista o regionalista andaluz",como se afirma en la sentencia franquista hecha pública a posteriori en mayo de 1940.

 

Efectos de Infante.

 

El 28 de Noviembre de 1936, con el apoyo explícito de PSOE, PCE FAI, se publicaba un pacto firmado por las organizaciones malagueñas de CNT-UGT, que en su punto 15 decía:

"15. Las organizaciones abajo firmantes estiman debe concederse a nuestra Región el derecho de autodeterminación fundando los órganos propios para gobernarse libremente dentro de la Constitución, al igual que y en el concierto de las otras regiones hermanas de Iberia".

 

Además, en su punto 5, afirmaba:

"5. Teniendo en cuenta las realizaciones llevadas en práctica en orden a la colectivización de las industrias y las tierras por los propios trabajadores, realizaciones encauzadas en parte por las Organizaciones Sindicales, declaramos que es necesario crear un Consejo de Economía que comprenda la Provincia de Málaga y atienda a establecerse también en toda la Región, para que dé cauce normal a todas las actividades económicas de la clase trabajadora y de los elementos antifascistas que integran estas dos Sindicales"(*)

 

Sin descontextualizar los análisis ni extrapolar conclusiones al respecto desde un punto de vista nacionalista -lo que sería claramente anacrónico (particularmente, dado que la autodeterminación que se reclama se inserta dentro de la Constitución republicana española)- y aún con todas las prevenciones posibles, la consideración indiscutible que aporta el dato es que, frente a cierta idea de que la Cuestión Andaluza fue absolutamente marginal durante la época de la II República española y que su impacto social no fue mucho más allá de los aledaños inmediatos al movimiento andalucista de Infante; sin ser políticamente central, sí debió tener la suficiente repercusión como para que en pleno fragor de la guerra -noviembre de 1936- el autogobierno andaluz se incluyera como punto programático reivindicativo en un acuerdo entre las fuerzas mayoritarias de la izquierda de la mayor ciudad andaluza libre -Málaga- mientras el conflicto aún se desarrollaba en forma revolucionaria.

 

Evidencia además que el marco político y social andaluz -superando el localismo divisionista- con todo lo que ello implica de afirmación de identidad, había cuajado socialmente lo suficiente como para afirmarse con nitidez en la delimitación especifica del ámbito espacial de gobierno, plasmándose en la reivindicación de un “Consejo de Economía” -formula del estilo de las que por entonces utilizaban los libertarios para conciliar su doctrina con la realidad y que tiene un regusto claro a doble poder- de ámbito nacional, que fuera más allá de los límites provinciales malagueños. Este hecho notable -aunque no tuviera continuidad por el curso político y militar de la guerra- no hubiera sido posible sin la previa labor de Infante.

 

En resumen, quedémonos, en 2001 y en adelante, con el símbolo de la lucha tenaz de Infante por la soberanía andaluza y con el ejemplo de su coherencia ética, sin mitos ni hagiografías, aplicándole tan crítica como rigurosamente al propio Infante un principio prioritario que inspiro su vida: el compromiso por la emancipación nacional y social de Andalucía.

 

Desde esta perspectiva, tenemos todo el derecho cada 10 de Agosto de reclamarlo nuestro y no de ellos; de quienes piensan, sienten y luchan por una Andalucía Libre y no de quienes contribuyen a mantenerla sometida.

 

Javier Pulido.

Andalucía, 13 de Agosto de 2001

 

(*) Antonio Nadal, Andalucismo y clase obrera. Alternativas para la región andaluza de partidos y sindicatos obreros. Málaga, noviembre de 1936. revista Nación Andaluza, nº 1. Octubre de 1983. pp 79-84

[NOTA DE 2019: Recupero este texto mío de 2001 como una aportación al debate. Obviamente, hoy -en 2019- no lo redactaría como hace 18 años.  Con todo y aun así me sigue pareciendo un material útil para suscitar la reflexión y la discusión -siempre y aún hoy necesarias- en torno a la figura del andaluz objetivamente más importante para Andalucía de los dos últimos siglos.]

Artículo publicado originalmente el lunes, 13 de agosto de 2001 21:36, en [Boletín Andalucía Libre] nº 96 - Blas Infante - Sihem Bensedrine (Túnez) - Melilla