Domingo 24 Octubre 2021

Pandemia versus Capitalismo

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jornaleras fresa 1No deja de sorprenderme las interminables muestras de preocupación por nuestra salud, por parte de la clase política en general y por parte del Gobierno del Estado y de sus portavoces, los medios de comunicación de masas. Pareciera que no duermen pensando en cómo evitar nuestros contagios y nuestras muertes por el coronavirus. ¿Realmente el gobierno antepone nuestra salud y nuestra vida al resto de intereses? ¿Existen otros intereses que se pudieran anteponer al de  la protección de la salud y la vida de los pueblos por parte de sus respectivos gobiernos?
Porque nos han regulado hasta las reuniones familiares pero ¿qué han regulado para la concentración de personas en los centros de trabajo? Ya lo digo yo: NADA DE NADA.
En menos de un mes, afiliados de nuestro sindicato nos han informado que, de dieciséis trabajadores confinados de una empresa, cinco de ellos dieron positivo; en otra empresa tres; en otra todo el personal de oficinas… En octubre pasado, de cada cuatro positivos en coronavirus, uno se había contagiado en su puesto de trabajo(1). Para luego “infectarse” en una reunión familiar, botellón, o lo que se quiera decir.
Nos pusieron mascarillas para ir a la playa este verano, pero desde el inicio de la pandemia, el derecho que establece la Ley a la protección de la salud de los trabajadores y trabajadoras y la obligación del empresario a proporcionarla, ha desaparecido, se ha esfumado, lo han congelado… Ahora la obligación es del propio trabajador: si quiere una mascarilla, que se la compre; que si se encapricha con llevar guantes, que se lo compre; que si un compañero o compañera se ha infectado y se le antoja una prueba por si está infectado; que se la pague. Y así todo. Si te mueres trabajando es por tu culpa, ya lo sabes. Ah, y no vayas a Inspección de Trabajo que cómo la empresa tiene todos los cartelitos y señalizaciones, pues todo correcto.
No podemos olvidar que la actual cepa del COVID que se pasea por Europa, es una mutación del virus producida en Aragón y Cataluña durante la última campaña agrícola del verano pasado(2). Fueron los temporeros y temporeras que, por sus condiciones de vida y trabajo, hacinados en alojamiento inhumanos e indignos, una vez contaminados la extendieron. Y ¿Quiénes lo pagan? Pues esos trabajadores y trabajadoras del campo en primer lugar y todos nosotros y nosotras.
Eso sí, ¿cuantas veces en los medios de comunicación de masas, hemos oído a algún representante de la clase política o a algún periodista, advertir de los peligros de contagio durante nuestras jornadas laborales? NINGUNA. Pero ¿por qué?
Sólo se me ocurre un motivo: la protección de nuestra salud y de nuestra vida, no es la principal preocupación de nuestros gobernantes. Entonces, ¿para qué queremos a estos gobernantes o a los que pretenden gobernar?, todos están en el Parlamento español, pero ninguno ha denunciado la situación alarmante de contagios durante las jornadas laborales, ni los de la supuesta extrema derecha ni los supuestos social comunistas del gobierno, pasando por todos los demás.
Ahora es cuando viene el que la inmensa mayoría de afectados y afectadas, de curritos y curritas van y dicen que si no se protege también a la economía pues entonces sería peor. Que hay que legislar protegiendo la salud y, al mismo tiempo, la economía. Pues veamos qué economía se está protegiendo.
Al inicio de la segunda oleada de la pandemia, aún no habían recuperado sus trabajos más de medio millón de trabajadores y trabajadoras despedidos o en ERTE a consecuencia de la primera oleada. Ahora se juntan los nuevos afectados por ERTEs y EREs de esta segunda oleada. Y por otro lado, cientos de miles de pequeñas empresas, de empresas locales y de autónomos, han tenido que cesar su actividad por quiebra y ruina.
Y al tiempo que sucede esto, ahora las empresas utilizan los ERTEs para modificar los convenios endureciendo las condiciones de trabajo, mientras que las grandes multinacionales siguen sin problemas: una pequeña reducción de ganancias y un futuro prometedor sin la competencia de las pequeñas y medianas empresas locales. Ya tenemos a sucursales de grandes superficies en nuestros barrios y los bares convertidos en franquicias de grandes cadenas de la restauración.
Sí que se protege a la economía, pero a la economía de los grandes. Porque la economía de las empresas de nuestros barrios, de nuestros municipios, nuestra salud y nuestra vida, para nuestros gobernantes y aspirantes a gobernantes, les importa un comino. Ya alguien dijo una vez que no se puede servir a dos amos a la vez: o sirves al Capital, o sirves al Pueblo.
Por eso he titulado esta redacción “pandemia contra capitalismo” porque, por un lado, bajo las medidas que aparentemente buscan nuestra protección de la enfermedad, están transformando el capitalismo tal y como lo conocíamos hasta ahora. Porque con la pandemia más bien se aceleran los procesos de concentración de capital y poder y de proletarización de nuevos sectores sociales. Pues la esencia de un sistema de explotación no se mantiene sino es incrementando su intensidad.
Y, por otro lado, los pueblos podrían decidir gobernarse por ellos mismos, conquistar la democracia y construir otro tipo de sociedad donde lo más importante sea la Vida y la solidaridad de los pueblos y de la clase obrera.
Sea como sea, cuando pase todo esto, estaremos ante un nuevo mundo. Si ganan los ricos serán más ricos y entonces habrá menos salarios, menos derechos, más precariedad. Si ganamos los pobres, los ricos serían un poco menos ricos y los pueblos tendremos libertad, igualdad y justicia social.

Miguel Cano
 
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